MAURO GUZMÁN EN HENRIQUE FARIA

DEL 5 DE ABRIL AL 10 DE MAYO

La galería Henrique Faria presenta el reciente trabajo del artista Mauro Guzmán: Comerme los ojos de los otros
Transcribimos el texto de sala de Beatriz Vignoli que acompaña a la mustra individual de Guzmán

Del exorcismo al exotismo

Dos hallazgos articulan el trasfondo de esta muestra de Mauro Guzmán: el “descubrimiento” de una planta hermafrodita americana casi tocaya suya en un supermercado chino de Castelló, junto al Mediterráneo, y la visión (en octubre del año pasado) de los “sirenos” de bronce de la reconstruida fuente finisecular de Albertplatz en Dresde.
Mauro “tradujo” esos cuerpos masculinos quiméricos, mitad hombre y mitad criatura marina, a la idea de un pantano subtropical litoraleño, atravesado por el espectro exótico de Isabel Sarli y por el de un bronce del modernista Lucio Fontana: Muchacho del Paraná. Como Jack Smith en sus películas, Guzmán enhebra un relato trash para deconstruir viejos tótems, haciendo hablar lo latente en ciertos íconos modernos locales.
Esta doble exposición, entre la carne opulenta de la Sarli y el magro pescador, disparó una ficción teatral, plástica y cinematográfica, que se resuelve en un video: La Guzmania y el reino de los huevos quiméricos mutantes, que forma parte de una serie protagonizada por La Guzmania, la planta hermafrodita personificada. Esa ficción de una ficción expresa su verdad, lo mismo que el retablo de escenas fantásticas que se van sucediendo como en un cuento de hadas, como en una mitología nada épica: el desierto de los huevos fritos, un oasis de lluvia dorada, el árbol dorado de las salchichas soñadas.
Mutante sin entidad fija, La Guzmania (como escribió Deleuze acerca de cierto personaje de Proust) “está hecha de devenires incesantes” que transcurren en un espacio onírico y nocturno, un “reino” de puro placer que no es exactamente de este mundo.
Gozar al infinito en un laberinto de espejos: eso es lo que parece saber hacer una verdadera mujer. La verdadera mujer no existe; es una fantasía, un artificio, y eso es lo que parece saber un travesti, un cross dresser, una drag queen. La Guzmania barrosa habita las pesadillas de la madre ponedora europea y medieval. Nada aterroriza tanto como el goce infinito femenino y es por eso que lo latente en una película pornográfica es una película de terror. La Guzmania de Guzmán, ella es la única que parece saberlo.•

HENRIQUE FARIA
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