ESTEBAN PASTORINO EN C.C. RECOLETA

PROCESOS E INTENCIONES DE LA CREACIÓN

Frecuentemente cuando hablamos de “obras de arte” nos movemos dentro del terreno de la representación. En la era post industrial, la representación se multiplicó exponencialmente a través de dispositivos tecnológicos individuales que marcaron el paso definitivo a la era de las telecomunicaciones.
 
 
Al transitar las salas del Recoleta nos damos pronto cuenta de que acá estamos hablando de una reinvención de la fotografía dado que tanto los dispositivos de exhibición como las mismas fotos conllevan un fuerte componente de investigación.
 
 
Pastorino se reconoce dentro de línea de la fotografía dura, tradicional. Una característica distintiva de su obra es la permanente invención de cámaras, que lo llevan a transitar experiencias, con resultados a veces inciertos. Alteraciones en la posición de las lentes especialmente construidas a tal efecto, cámaras elevadas por barriletes, o transportadas por autos, camiones y barcos, que sincronizan el movimiento del transporte con el de la película, son algunos ejemplos.
 
 
La contrapartida asociada son los dispositivos de exhibición, que nos sumergen en experiencias sobre un fonomeno tan complejo como es la visión humana. Para Alberto Goldenstein, la cámara (cualquier cámara), comparada con el ojo es un dispositivo tremendamente rudimentario. Sin embargo en una de las obras, que es un dispositivo circular, la capacidad de visión se ve ampliada al ofrecer una vista secuencial de 360 grados alrededor de una montaña. El secreto es la secuencia, pero también la explicitación del límite de nuestra visión terrenal, y también la relación entre visión y desplazamiento que hoy las computadoras tanto se empeñan en diluír. Hay otras obras como los cruces de rutas nacionales en la entrada de los pueblos, que ofrecen una alternativa a la percepción visual al constituirse en travellings de registro contínuo, sin atrás. Estas tiras poseen un componente casi mágico al fijar un momento que es tan cotidiano que es cualquiera, siempre inaprehensible.
 
 
Hay aspectos de labor de Pastorino que lo entrlazan con otro artista coetáneo y que también realizó una residencia en la Rijskakademie Van Beeldende Kunsten: Patricio Larrambebere. Más allá de pertenecer a la misma generación (se llevan 4 años) tienen un afán por representar lo que siempre es parte de la percepción distraída del transeunte. Este interés por fijar lo que se atestigua fugazmente desde los medios de transporte y objetivarlo, es algo para lo que no encuentro referentes internacionales y que resulta una bella forma de registro documental histórico de la percepción. De alguna manera ambos dilogan con la historia, el primero al construir personalmente dispositivos mecánicos, el segundo al insistir en la vuelta a un medio de transporte que una dirigencia Argentina dio por obsoleto sin preguntarle a nadie por los pros y contras de tal resolución. Ambos pelean en contra de obsolescencias que nadie quiso, y que nadie pidió. De alguna manera Pastorino, al posibilitar usos novedosos de rollos fotos (en tanto soporte en sí mismo), lupas, binoculares y máquinas, nos devuelve, ilusión de por medio, al momento en que cualquier ser humano adulto entendía el funcionamiento interno de sus objetos cotidianos.
 
 
Entre los procesos e intenciones de su creación, se adivina una aguda conciencia de las negociaciones que conlleva el cambio de paradigma vigente.
 
 
Esteban Pastorino nació en Buenos Aires en 1972. Estudió ingeniería mecánica en la UBA. Luego asistió a talleres con Juan Travnik y Fabiana Barreda. Ha recibido numerosos premios y se encuentra representado en prominentes colecciones.
 
 
 
Matilde Llambí, 12 de julio del 2017.•

 

 

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