EN MEDIO DE LA NOCHE Y SIN DESCANSO EN PASAJE 17

En medio de la noche y sin descanso; abrir los ojos, desplazarse, buscar luciérnagas[1]

*Por Mariana Rodriguez Iglesias, curadora.

 

 

La economía capitalista lo somete todo a la coacción de la exposición.

Solo la escenificación expositiva engendra el valor,

así se renuncia a toda peculiaridad de las cosas.

Éstas no desaparecen en la oscuridad,

sino en el exceso de iluminación.

Jean Braudillard, Las estrategias fatales, 1983

 

 

En la Facultad nos enseñaron que había que tener distancia histórica –algunas cuantas generaciones como mínimo– para poder analizar críticamente una época. Desde que escuché acerca de este alejamiento como garantía de una, supuestamente, aspirable noción de objetividad en el investigar y el hacer historia pasaron ya más de diez años. En esa década pudimos sentir cómo se aceleraba el tiempo; pudimos percibirlo precipitarse en pendiente y sin parar; fuimos testigo de un caudal asimétrico de actividades y cosas que una puede hacer y ser, siempre desproporcionado frente a la disponibilidad de energía que tenemos. Tantos son los signos de que el tiempo –su percepción– cambió para siempre, que elegir uno es quedarme corta (uds. pueden hacer su propia lista, las invito).

Sin embargo, de este escenario a veces caótico, otras vertiginoso, rescato sus posibilidades. Una de éstas es que, dejando de lado toda pretensión de discurso desafectado e imparcial, podemos permitirnos hacer el ejercicio de comprender nuestro presente; hablar, problematizar y criticar esto que nos rodea. En mi caso –y porque creo que las obras de arte son el mejor signo que condensa nuestras ideas-sensaciones de época– quiero hacerlo con esta exposición con obras que se realizaron en un contexto político, económico y social de cambio, de incomodidad, de derechos vulnerados, de ansiedad y miedo, de angustia. Son seis artistas-luciérnagas, seis respuestas diferentes a la afectación de la coyuntura sobre estas seis vidas. La obra como incomodidad, como comentario crítico, como necesidad y como fuerza.

Estamos acostumbradas a pensar la relación forma / contenido. ¿Y qué pasa con la dupla forma / fuerza?. Entre otras cosas, me pregunto ¿qué le da forma a un cuerpo?. Entre otras cosas, me respondo: la magnitud de fuerza ejercida sobre él. Fuerza es atención; fuerza es foco; fuerza es intención; fuerza es intuición. Forma es palabra dicha; forma en lo que está en el mundo para marcar un parámetro de bien o mal; forma es una moral, una convención, estamos con ella o nos quedamos afuera. La fuerza, sin embargo, tiene una ética, se da en un hacer.

“En medio de la noche y sin descanso; abrir los ojos, desplazarse, buscar luciérnagas” exhibe obras, todas resultantes de una incomodidad con las formas del presente particular de Maia Cosin, Lorena Fernández, Bruno Gruppalli, Andrés Pasinovich, Fátima Pecci y Lucia Reissig. Son intentos por recuperar el equilibrio cuando algo de la propia vida se ve sofocado por formas que no sirven más pero siguen vigentes. Fuerzas que se materializaron en imágenes.

 

Las luciérnagas, como las entendemos aquí[2], o mejor dicho, su política, es una que intenta ir más allá de las perspectivas optimistas o pesimistas. Para ellas no se trata de caer en la absoluta oscuridad de la desesperación y la no salida; tampoco en enceguecerse con los reflectores de nuestra cultura tardocapitalista generadora de homogeneidades estridentes. Las luciérnagas oponen a la total oscuridad unos breves y sutiles –así y todo absolutamente perceptibles– intermitencias de luz; son la luz alternativa al deslumbramiento de los reflectores. Para percibirlas en la oscuridad o en la luz tenemos que salir a buscarlas, tenemos que saber verlas. Van a ser siempre tímidas, van a usar un lenguaje extraño, distinto. Están del lado de lo que no se conoce todavía pero se lo intuye por entero. Las luciérnagas imaginan mientras su luz se prende y se apaga:

 

 

Lucia Reissig

El trabajo, el paso del tiempo, el desgaste y las tareas de cuidado. Las huellas.

El pelo, las arrugas, los pliegues, la transparencia de unos cuerpos. Plasticidades que cuentan una historia de indicios, de acciones que se invisibilizan detrás de los resultados del trabajo doméstico.

 

Maia Cosin

A veces, encontrar el equilibrio depende estar atada a un montón de rocas. La acción.

Cuerpo presente y desnudo, que acciona la búsqueda del equilibrio en loop. La necesaria suspensión, a partir de vincularse con otro cuerpo hecho de rocas.

 

Andrés Pasinovich

Volver sobre lo ya hecho para negarlo, taparlo de materia oscura. El acto creativo que va contra la propia visibilidad de lo creado.

Ejercicios pictóricos que en tanto cuerpos vibrátiles siguen latiendo debajo de obsturaciones de lo visible. Tapar, negar, hacer; hacer aunque sea cubriendo.

 

Fátima Pecci

Acudir a los poderes de las imágenes para convocar presencias. La acción. La invocación. La representación.

Cuerpos que aparecen representados, recordados, visibilizados, invocados para devolverles su peculiaridad en medio del anonimato funcional a un lenguaje de abuso sistemático de poder, en otras palabras: patriarcado.

 

Lorena Fernández

Ex-votos, declaraciones de amor y lucha. Ofrendar, regalar, producir belleza como táctica. La creación. La declaración.

Cuerpos como regalos, generosos, amorosos obsequios a seres superiores; entregar lo realizado con las propias manos,; la energía de un cuerpo transmitido a otro y agasajado porque las ofrendas materializan seres.

 

Bruno Gruppali

Exteriorizar la propia fragilidad, saberse vulnerable como un papel liviano ante el fuego.

La metáfora, en tanto fuerza, es un agente que modifica una materia. Alegorías minimalistas. Dos elementos que se tensionan suavemente: el cartón y el oro; el lápiz y el fuego.

Cuerpos sugeridos y fragmentados. Apariciones sutiles que dialogan con la quemaduras superficiales del soporte.

Esta exposición es también la respuesta que encontré frente a mi propio malestar, es un homenaje personal al poder de las y los artistas de transmutar las fuerzas de lo incómodo y lo insoportable en un signo, irrepetible, que conjugue belleza con inteligencia, necesidad con capricho, y diga de una manera abismalmente nueva de decir lo que muchos estamos viviendo en el cuerpo. La muestra plantea una cartografía de fricciones en las que las obras emergen de esta tensión entre las formas de vida que los artistas pretendían seguir usando como punto de referencia y las fuerzas de los eventos políticos, económicos y culturales de los últimos años ejerciendo su presión hasta el peligro de sofocamiento. Es, por lo tanto, el resultado de la presión del tiempo presente. Es la forma que resulta del impulso del contexto sobre algunas subjetividades (entre las que nos incluímos con las artistas).

 

[1] Léase “La imaginación es política” de Malena Souto Arena, que acompaña y es la reflexión inicial, el puntapié teórico, para esta exposición. Allí MSA nos recuerda, parafraseando a Didi-Huberman que “encender una luz significa imaginar, y es en nuestra forma de imaginar donde brota nuestra forma de hacer política”.

 

[2] Me refiero al uso metafórico que de ellas hace George Didi-Húberman a partir de una reflexión Pier Paolo Passolini para quién éstas representaban a los libres pensadores, los artistas, los intelectuales, todos aquellas personas capaces de hacerle frente a los reflectores enceguecedores del pensamiento masivo, moralista y homogenéo. El historiador francés recupera a estos bichos de luz que para Passolini se había extinguido en el marco de la sociedad romana de finales de los años 70s. No habrían desaparecido, sino que hoy es preciso salir a buscarlas, superando cualquier perspectiva pesismista, confiando que están ahí y pueden ser encontradas.

 

 

La imaginación es Política

*Por Malena Souto Arena.

El año pasado, Mariana me invitó a colaborar con ella en una muestra. Resonaban algunas palabas en esos intercambios que tuvimos: arte, política, cuerpo social y generacional, reivindicación, visibilidad.

Un texto acudió a mi instantemente, él me irrumpió en ese instante, aunque lo tenía atesorado hace un tiempo. Ese texto supuso un nuevo relato en mi campo teórico y práctico, una ofrenda significativa en mi manera de reflexionar sobre la relación entre política, estética, arte, cultura. Se trataba de Supervivencia de las luciérnagas, de Georges Didi-Huberman; filósofo e historiador francés dedicado, entre otros tópicos, a la incisiva reflexion sobre la imagen y su dimensión política, la imagen y el arte, la imagen y la memoria, la imagen y la historia, la imagen y su contexto social contemporáneo. Otro texto-tesoro de mi bitácora, fue Imagenes pese a todo donde el autor sostenía la necesidad de representar lo acontecido durante el nazismo ante las ignorantes proposiciones que anulaban el pensamiento sobre el horror, revestido de tímidos argumentos que referían a lo indecible, lo inimaginable.

No. El nazismo fue producto de un pensamiento calculado y organizado, por lo tanto reducirlo a lo indecible significa darse por vencido ante la batalla frente al horror político más terrible que vistió la osamenta del siglo XX. Tarea que también sostuvieron los grandes de Badiou, Agamben, Arendt, Primo Levi, entre tantos otros.

Citaré profusamente Supervivencias. Sin pudor, seré apropiacioncita. Porque si hay algo que defiendo a capa y espada es ese gesto, mejor conocido en las artes audiovisuales como found footage o remontaje de archivo preexistente. En fin, quisiera comentarles sobre qué van los breves pasajes que integran esta bella pieza intelectual.

INFIERNOS: En Supervivencias de las luciernagas, Didi-Huberman nos sitúa en un contexto y presenta a una figura política singular: El joven Pier Paolo Pasolini asistiendo a la plena victoria de los consejeros pérfidos (Hitler, Musolini) quienes se hallaban en plena gloria luminosa. Posteriormente en 1975, el artista, poeta e intelectual publicaba un artículo sobre la situación política de su tiempo. El texto se tituló El vacío de poder en Italia que sería incluido en su famoso El artículo sobre las luciérnagas, un lamento fúnebre sobre el momento en que en Italia desparecieron las luciérnagas a causa de la contaminación en el aire, los rios azules y los arroyos trasparentes, consecuencia de la industrializacion súbita que sacudió el páis. Las luciérnagas suponen para Pasolini esas señales humanas de la inocencia y la libertad, aniquiladas por los reflectores del fascismo triunfante. La luciérnaga no es más que una metáfora de la luz, la iluminación, la fuerza, la potencia, la vida, la danza, el destello, la resistencia. Para el autor, el fascismo se había instalado para siempre en la política, la sociedad, la cultura, el sistema económico, a pesar de ser derrotado: Los intelectuales más avanzados y críticos no se han dado cuenta de que ‘las luciérnagas’ estaban desapareciendo. El verdadero fascismo, dice, es el que la emprende con los valores, las almas, con los lenguajes, los gestos con los cuerpos, el pueblo. 2

Según Didi Huberman es preciso comprender que el minúsculo esplendor de las luciérnagas no metaforiza otra cosa que la humanidad reducida a su incapacidad de emitir una señal de resistencia por la noche. La desaparición de las luciérnagas, la decadencia social y el nuevo giro político, social y económico en Italia, toma por completo a Pasolini. Estamos hablando de un sujeto que supo mirar a su tiempo con los ojos de su propio tiempo, ser un artista e intelectual estrictamente contemporáneo. ¿Qué mejor cosa podría demandar de un pensador que inquietar a su tiempo por el hecho mismo de mantener una relación inquieta tanto con su historia como son su presente? 3 Pasolini supo ver la tragedia política y responder con su obra teórica, artística y literaria. Ser su época, crear esa fuerza, ese gesto político lleno de enojo y amor que reviste toda su obra. “Vencido” el fascismo el artista-intelectual-poeta se yergue al pesimismo, sufre un dolor plenamente intersubjetivo. Pocos sujetos tienen la capacidad de asumir el dolor de un pueblo entero, de sentir todo ese cuerpo social en su propio cuerpo. Y repetía … el espíritu popular ha desparecido.

Y frente a eso Didi- Huberman se interpone. Nos propone tomar una decisión: Hacer aparecer la luz frente a los profetas y políticos de la desgracia. Si de algo se trata todo esto, es sobre una cuestión de luz, es decir una aparición, la apertura de un horizonte posible pese a todo. Ver y hacer ver. Iluminar y ser una luz.

SUPERVIVENCIAS (La imaginación es política) Y, ante todo, ¿han desaparecido verdaderamente las luciérnagas? ¿Han desparecido todas? ¿Emiten aún –pero ¿dónde?- sus maravillosas señales intermitentes? ¿Todavía en alguna parte se buscan entre sí, se hablan, se aman, pese a todo, pese al todo de la máquina, pese a la noche oscura, pese a los reflectores feroces? (…) Hay razones para el pesimismo, pero por eso es tanto más necesario abrir los ojos en medio de la noche, desplazarse sin descanso, ponerse a buscar luciérnagas.4 Pensar en luciérnagas, supone pensar una comunidad, una comunidad que aparece de noche, en el corazón de las tinieblas. Las luciérnagas nos invitan a repensar nuestra encuentro entre el antes y el ahora, estallar nuestro principio de esperanza, encender la luz, el relampagueo, crear una constelación para ser el resplandor. Cuando eso sucede, asistimos a un acontecimiento y es allí, donde el antes y el ahora se abre hacia el futuro.

Encender una luz significa imaginar, y es en nuestra forma de imaginar donde brota nuestra forma de hacer política. La imaginación es política, eso es lo que hay que asumir. Imaginar y crear imagen, en medio de las tinieblas, es un acto político. Perder la imaginación (suspender la creación en sus múltiples métodos) es cegar la mirada frente a los reflectores de los consejeros pérfidos. Didi-Huberman añade que el sujeto contemporáneo es aquel que se hace de los medios para ver aparecer las luciérnagas, crear imágenes-luciérnagas. Es una tarea que exige coraje- virtud política- y poesía, en otras palabras:: fracturar el lenguaje, quebrar las apariencias, desunir la unidad del tiempo. 5

Nuevamente, estamos hablando de Imaginar pese a todo, de enunciar pese a todo, ya sea creando, ya sea fortaleciendo los vínculos, ya sea resistiendo, ya sea IMAGINANDO, ya sea lo que vos querés que sea. La imaginación es una fuerza y un poder que no debe desaparecer. La imaginación, por lo tanto, supone una responsabilidad- subjetiva e intersubjetiva-, supone tomar una posición, crear espacios y objetos de resistencia. Sobrevivir a las luciérnagas o sobrevivir con ellas, por que las lucciole son el estricto reflejo del yo, creando una comunidad en la oscuridad de la noche.

1 a propósito de la exposición En medio de la noche y sin descanso; abrir los ojos, desplazarse, buscar luciérnagas, con obras de Maia Cosin, Lorena Fernández, Bruno Gruppali, Andrés Pasinovich, Fátima Pecci, Lucia Reissig y con la curaduría de Mariana Rodríguez Iglesias. En Pasaje 17, junio a agosto de 2018 2 DIDI-HUBERMAN, G, (2012), Supervivencia de las luciérnagas, Buenos Aires, argentina Abada Editores.

Curaduría: Mariana Rodriguez Iglesias, con la colaboración conceptual de Malena Souto Arena.

Cuándo? Junio-Agosto, 2018.

Dónde? Galería Pasaje 17 – Bme. Mitre 1559.